Vuelta al cole. Cada septiembre nuestra «familia escolar» se embarca en una pequeña aventura compartida: la vuelta al cole. Es un tiempo de mezcla de sentimientos, donde a los nervios y la pereza se suman el deseo de reencuentros, la energía de lo nuevo y la ilusión de ver crecer a nuestros hijos e hijas.
Volver a la rutina no siempre resulta fácil. Sin embargo, como comunidad educativa, tenemos la suerte de poder caminar juntos, acompañándonos y aprendiendo unos de otros. Aprovechar esta oportunidad es clave para conseguir un inicio de curso sereno, fértil y feliz para grandes y pequeños.
La evidencia nos recuerda que sumar hábitos saludables, anticipar los cambios y cultivar emociones positivas son ingredientes esenciales. Además, desde nuestro estilo salesiano sabemos que educar es, ante todo, cuestión de afecto y confianza compartida. Aquí tienes cinco ideas y gestos concretos –con ejemplos para cada etapa educativa– que pueden ayudar en el día a día, acompañadas de la sabiduría de grandes educadores y recursos de utilidad:
1. Ajustar ritmos de descanso y horarios… ¡con mimo y paciencia!
Tras el verano, recuperar la rutina horaria requiere un pequeño «entrenamiento familiar». Dormir bien es vital para el rendimiento escolar y el ánimo personal. La Sociedad Española del Sueño aconseja empezar, si es posible, unos días antes a acostarse y levantarse según el horario escolar, y evitar cenas tardías o el exceso de pantallas antes de dormir (¡mejor nada de nada!).
En Infantil: establecer y anticipar horarios con cuentos y rituales cálidos: “Ahora toca baño, cuento y beso de buenas noches”.
En Primaria: proponer un reto divertido: “¿Quién es capaz de preparar la mochila antes de la hora señalada?”. Limitar pantallas, por supuesto las personales, pero también las «de familia» como la televisión a partir de las 20:00 ayuda a la calma.
En Secundaria: hablar abiertamente sobre el sueño y el uso del móvil, favoreciendo acuerdos y confianza: “Vamos a probar juntos dejar el móvil fuera de la habitación, ¡y vemos cómo descansas!”.
Como decía Madre Mazzarello: “Conservad la paz y la alegría del corazón”. Un pequeño paso cada día es suficiente.
2. Recuperar rutinas… y personalizarlas en familia
Las rutinas claras y estables ayudan a anticipar, y ofrecen seguridad tanto a los más pequeños como a los adolescentes. Pero también es tiempo de introducir pequeñas novedades, y de implicar a niños, niñas y jóvenes en la organización.
En Infantil: jugar a escenificar “cómo será el primer día”: mochila, saludos, recorrido, canciones…
En Primaria: crear un calendario o panel visible donde cada cual anote dudas, ilusiones y tareas semanales.
En Secundaria: fomentar el uso de agenda o apps, pero con seguimiento conjunto, sin perder la referencia familiar.
Existen recursos lúdicos como “el libro de las emociones” (donde cada uno dibuja o fotografía una carita según cómo se siente antes de ir al cole), muy útil especialmente en Infantil y primeros años de Primaria. La rutina, vivida con afecto y cercanía, es parte de la educación del corazón.
3. Cuidar el cuerpo: alimentación, movimiento… y energía compartida
Comenzar el día con un desayuno pausado aporta energía, y moverse juntos (caminar al colegio, juegos al aire libre) favorece el bienestar físico y emocional.
En Infantil: servir el desayuno como un momento tranquilo y familiar (“cuéntame algo bonito mientras desayunamos”).
En Primaria: aprovechar el trayecto escolar para charlar (a pie, en bici…) y dejar algo de espacio para el juego libre al acabar la jornada.
En Secundaria: conversar sobre hábitos saludables: dieta variada, ejercicio como descarga, y regular el descanso. Pero hay que tener en cuenta que mueve más el ejemplo que la orden, especialmente en Secundaria.
Como recuerda San Francisco de Sales: “Todo por amor, nada por la fuerza”. Pequeños gestos diarios, compartidos, son más poderosos que largas charlas.
4. Acompañar emocionalmente: espacio y escucha activa
La vuelta al cole despierta emociones intensas de todo tipo… ¡y todas son valiosas! El acompañamiento emocional desde casa y desde el colegio es clave para la serenidad y la motivación de los chavales.
En Infantil: preguntar de forma concreta (“¿con quién has jugado hoy?”) o dibujar juntos lo que más les ha gustado en el día.
En Primaria: reservar cada tarde ese “rato sin pantallas” para compartir preocupaciones, logros y anécdotas.
En Secundaria: respetar silencios y estar disponibles, dejando claro que se puede hablar de cualquier cosa. Los adolescentes valoran la confianza en su criterio y la disponibilidad honesta cuando lo necesitan.
Desde la psicología positiva se trabaja la gratitud, el pensamiento optimista, la atención plena y la colaboración. En clase, muchas veces proponemos actividades como el “emociograma” semanal, los “minutos mindfulness” o el debate de “algo bueno que ha pasado hoy”. Puedes probar a incorporar algún recurso similar en casa (“Antes de dormir, decimos una cosa buena que ha tenido cada uno en el día»).
Don Bosco lo resumía así: “Basta que seáis jóvenes para que os quiera mucho.” No hace falta que «hagan algo» para que les queramos, y eso lo tienen que sentir. El verdadero acompañamiento es estar, cerca y alegres, en las pequeñas cosas.
5. Mantener viva la curiosidad y el deseo de aprender… todo el año
El verano no corta el aprendizaje, solo lo transforma. Volver a clase es una prolongación de la vida, no una ruptura. Mantener la curiosidad hace la vuelta mucho más suave.
En Infantil: cuentos, canciones, juegos de observar el mundo (“¿Descubrimos juntos algo nuevo de camino al cole?»»).
En Primaria: retos caseros (escribir un diario divertido, cocinar juntos una receta, hacer preguntas de todo tipo…).
En Secundaria: recomendar lecturas atractivas, series, podcasts, actividades tecnológicas o deportivas según intereses. Dejar espacio a su autonomía, pero estar dispuestos a descubrir juntos nuevas aficiones e inquietudes. Leer en familia puede ser algo estupendo.
La actitud ante el aprendizaje es contagiosa. Madre Mazzarello nos decía: “No te desanimes nunca”. Que el entusiasmo del adulto alimente el entusiasmo de niños y jóvenes.
Cierro con una invitación…
La vuelta al cole es mucho más que un trámite o un cambio de rutinas. Es un tiempo privilegiado para crecer juntos, para descubrir y compartir, para acompañar(se) y fortalecer la confianza entre la escuela y la familia. Cualquier pequeño gesto cuenta: ajustar horarios, escuchar, jugar, rezar juntos o compartir un desayuno… ¡todo cuenta!
Y, haciendo nuestras las palabras de Don Bosco: “Aquí hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”. Ojalá la alegría y la confianza guíen nuestro camino común a lo largo de este nuevo curso.